Sor Patrocinio, conocida como la monja de las llagas, fue una mujer bellísima con una importante influencia en la corte isabelina, lo cual, le creó poderosos enemigos a lo largo de su vida.

Se llamaba María Josefa de los Dolores Anastasia de Quiroga Capopardo, nació en San Clemente (Cuenca) en 1811 y sintió la llamada de Dios a una edad muy temprana. La madre, Dolores de Castillo Capopardo, estaba huyendo de las tropas francesas en plena Guerra de la Independencia, por lo que tuvo que parir en una venta a las afueras del pueblo y continuó con su huida dejando a la niña allí. No la abandonó, ya que el padre de Sor Patrocinio llegó al poco tiempo para recogerla y reconocer que era su hija. Después, la confió al cuidado de la abuela materna.

Sor Patrocinio, la protegida de Isabel II
Pueblo de San Clemente (Cuenca).

En otras fuentes, se afirma que el padre encontró a su hija por casualidad o guiado por la fuerza de la sangre. Lo más lógico es que el matrimonio se hubiera puesto de acuerdo para recoger a la criatura una vez que Dolores hubiera dado a luz. María Josefa, la futura Sor Patrocinio, pasó la mayor parte de su infancia jugando a ser monja en el convento de las Comendadoras de Santiago, en Madrid. Su fe era tan fuerte, que a los seis años recibió la primera comunión.

Josefa, se convirtió en una bella jovencita que fue pretendida por personalidades tan importantes como Salustiano Olózaga, a quién rechazó causando el consiguiente disgusto a su madre. La muchacha ya tenía decidido dedicar su vida a Dios, y en breve, entraría como novicia en el convento donde tantas veces jugó con los tocados de las religiosas.

Sor Patrocinio, la protegida de Isabel II
Sor Patrocinio

Las extrañas llagas de Sor Patrocinio

Según parece, en 1829 se produjo el primer estigma en su cuerpo. Ella aseguró que lo tenía en un costado. Además, la religiosa contó que tuvo ciertas visiones y que el Cristo de la Palabra, el cual era un lienzo colgado en la pared del convento, había hablado con ella. Poco después, aparecieron las llagas en las manos y los pies que la hicieron tan famosa en toda España. Los más religiosos comenzaron a venerarla, y los menos creyentes la miraban con recelo. Aquella, era un época muy convulsa en España. En 1830, Sor Patrocinio anunció que se le había aparecido la Virgen del Olvido, lo que para muchos fieles la convertía en un santa. Las donaciones y limosnas comenzaron a llegarle por doquier.

En 1835, el ministro de Gracia y Justicia, viendo la gran influencia social que iba obteniendo Sor Patrocinio y sus estigmas, ordenó que se investigara la veracidad de dichas llagas e inició un proceso en contra de la monja. La religiosa fue examinada por un médico, el cual aseguró que eran heridas normales y corrientes que curaban si eran tratadas apropiadamente. La mujer, acabó confesando que las llagas se produjeron cuando estuvo en contacto con una reliquia que le había regalado Fray Fermín de Alcaraz.

Tras descubrirse el engaño, Sor Patrocinio fue expulsada de Madrid. Según la sentencia, debía residir a setenta kilómetros de distancia, mínimo, de la capital de España. Sin embargo, muchos creyentes continuaron teniendo fe en los estigmas de la religiosa. En aquel momento era presidente del gobierno Salustiano Olózaga, antiguo pretendiente suyo, así que no faltó quién pensara que aquel proceso había sido una venganza personal del presidente, y por lo tanto, la monja había sido obligada a confesar tras recibir fuertes presiones.

Sor Patrocinio, la protegida de Isabel II
Convento de las Comendadoras de Santiago en Madrid.

La influencia de la religiosa en la corte de Isabel II

El matrimonio entre Isabel II y Francisco de Asís estaba condenado al fracaso desde el primer momento. Ambos primos se detestaban, eran demasiado diferentes para tener una convivencia medianamente serena. De hecho, corrían rumores de que la reina se había quejado de que su esposo, en la noche de bodas, había aparecido en el dormitorio conyugal con más encajes que ella. Estuvieron durante mucho tiempo separados, sin apenas cruzar palabra. Es entonces cuando Sor Patrocinio hace el papel de consejera para conseguir que se reconcilien y se dediquen a sus labores como monarcas.

Llegó a ser tan estrecha la relación entre la monja e Isabel II, que los políticos de la época comienzan a recelar. Sor Patrocinio siempre había sido acusada de ser simpatizante a la causa carlista y se temía que su relación con la reina solo fuese una estratagema para acabar con ella. En 1849, la monja volvió a Madrid con muy mal pie, ya que fue víctima de un atentado con arma de fuego del que salió ilesa. Sin embargo, la abadesa del convento murió a causa del terror que le produjo presenciar aquel suceso. La relación con Isabel II continuó afianzándose más y más.

Ese mismo año, se produce el «ministerio relámpago». La reina, destituyó de manera repentina al entonces presidente de gobierno, Narváez, para poner en su puesto al conde de Clonard. El conde, fue terriblemente recibido tanto por la clase política como por la opinión pública, así que Isabel II no tuvo más remedio que prescindir de él para volver a llamar a Narváez. Clonard duró un solo día en el poder.

Los enemigos de Sor Patrocinio la acusaron de influir en la reina para que cesase a Naváez, sin embargo, todo apunta a que el autor intelectual de aquel extraño movimiento político fue su propio esposo. Narváez, convencido de la culpabilidad de la religiosa, una vez más la mandó al exilio. En esta ocasión, a un convento de Extremadura.

Sor Patrocinio, la protegida de Isabel II
Ramón María Narváez.

El atentado del cura Merino

La mañana del 2 de febrero de 1852, Isabel II se arregló con especial esmero. Tenía previsto acudir a la basílica de Atocha para agradecer que su primogénita había nacido fuerte y sana. El sacerdote Martín Merino, republicano, pudo introducirse en el templo sin levantar sospechas en la guardia real. Cuando la reina se encaminaba hacia el altar, Merino al interceptó el paso arrodillándose a sus pies. La monarca, conmovida por el gesto del cura, se agachó para hablar con él. En ese instante, Merino se abalanzó sobre la reina clavándole un estilete en el costado derecho. Isabel se desvaneció y perdió la consciencia durante unos minutos.

La guardia detuvo inmediatamente a Merino y la reina fue atendida con prontitud. Afortunadamente, salió ilesa del atentado gracias a las ballenas de hierro de su corsé que detuvieron la puñalada. Cuando el sacerdote fue interrogado, confesó que en realidad deseaba asesinar a la reina madre María Cristina o a Narváez, pero que lo intentó con la reina porque le pareció de más fácil acceso. Al día siguiente fue juzgado y sentenciado a morir en el garrote vil. Isabel II pidió que fuese indultado, pero la pena se llevó a cabo cuatro días después del atentado frustrado.

Como Sor Patrocinio se encontraba en el punto de mira, la acusaron de ser cómplice en el intento de asesinato y de nuevo fue obligada a exiliarse. En esta ocasión, la propia reina firmó el decreto que la expulsaba de España, algo de lo que se arrepentiría años después. El destino de la monja sería Roma, pero debido a su mala salud se le permitió permanecer en el convento de las Hermanas Descalzas en Toledo.

Sor Patrocinio, la protegida de Isabel II
El cura Merino.

La labor social de Sor patrocinio

La primera escuela de párvulas gratuita la fundó Sor Patrocinio gracias a las buenas amistades que fue cosechando a lo largo de su vida. El colegio, estaba situado en la calle Ancha de San Bernardo de Madrid. Deseaba que las niñas sin recursos recibiesen una mínima formación. También fue fundadora de multitud de conventos en lugares como Guadalajara o Manzanares. En todos ellos quiso abrir escuelas para las niñas más pobres.

La vida de Sor Patrocinio fue ajetreada prácticamente hasta el final de sus días. En 1868, la ayudaron a huir a Francia para que los revolucionarios de la Gloriosa no acabaran con ella. Y después, en 1870, Olózaga, su eterno enamorado, lo organiza todo para que escape de París a Bayona porque había estallado La Commune, el primer gobierno formado por la clase obrera en el mundo y que duró sesenta y un días.

Finalmente, Alfonso XII le permite regresar a España en 1879. Un año después, recibiría por última vez la visita de Isabel II en Guadalajara. La relación nunca se perdió entre ambas. Se cartearon asiduamente como dos buenas amigas hasta el final de sus días. Sor Patrocinio murió el 1891 a la edad de ochenta años. En 1907 se inició el proceso para pedir su beatificación, pero la Iglesia aún no se ha decidido. Se están tomando su tiempo…

Sor Patrocinio, la protegida de Isabel II
Isabel II, reina de España.

En una de las últimas entrevista que Isabel II concedió, realizó las siguientes declaraciones sobre Sor Patrocinio: “Si se atentaba contra mi persona enseguida gritaban por medio de la prensa: Son cosas de Sor Patrocinio. Ella jamás tomó parte en tales cosas ni se mezcló nunca en asuntos de gobierno ni de política. Desmiento todas las calumnias e imposturas contra tan santa religiosa, son enemigos de Dios y de la Patria quienes quieren propagar tales inexactitudes”.

Fuentes consultada:

espanaenlahistoria.org

losojosdeljucar.com

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