A Nebraska nos vamos

Antes que el espíritu de año nuevo se evapore del todo (algo natural), quiero comentarte una película “de familia”. Es un drama con toques de comedia ―o al revés― no exento de lugares comunes, para ser sincero, pero ¿y qué?; la vida es un gran lugar común en el que se enredan pobres y ricos. En Nebraska sólo se habla de los pobres. Es un film norteamericano de 2013, dirigido por Alexander Payne y protagonizado por Bruce Dern y Will Forte, en el que se ponen de manifiesto las relaciones entre padres e hijos con toques de tristeza y de humor negro.

La familia. La sagrada familia vuelve a ser blanco de las cámaras, esta vez para hacer balance de toda la existencia de un hombre que ha dado a los suyos bastantes dolores de cabeza. Y ya que hablábamos del espíritu de año nuevo, habremos de destacar en Nebraska los conceptos de redención, perdón, sacrificio y amor por sobre todas las cosas. De eso precisamente se trata. Y como el director Alexander Payne sabe muy bien, enunciar siquiera tales nociones encierra el peligro de la exageración y la falsedad. Por eso tal vez pincela con absurdos bien dosificados su película.

HASTA NEBRASKA A PIE

Un anciano que apenas puede sostenerse sobre sus propios pies pretende ir a pie desde Billings, Montana hasta Lincoln, Nebraska. Son más de mil kilómetros, al cabo de los cuales ―piensa él― lo aguarda un millón de dólares. Ya se sabe que este tipo de películas centradas en la búsqueda acaban casi siempre con que los protagonistas se encuentran a sí mismos y esta no será la excepción. Woody Grant (el anciano) cree que ha ganado el millón de dólares y arriesgará la vida para obtenerlo, aunque su mujer y sus hijos saben que se equivoca. Ante su tozudez David, uno de sus hijos, acepta acompañarlo, no andando, sino por carretera, con una parada en Hawthorne, para ver a unos parientes.

En Hawthorne, pueblo natal de Woody Grant, se aclarará todo el entuerto. Como don Quijote, el viejo vuelve a la realidad, aunque no para morir seguidamente. Ha sido egoísta (si no malo), ya lo dijimos, pero en Hawthorne cae la luz también sobre su bondad y se intenta justificar, por ejemplo, su entrega a la bebida. Aunque de un modo burdo y riesgoso, Woody Grant ama a su familia y esta acaba por perdonarlo.

Alexander Payne pinta en Nebraska un retrato de los Estados Unidos profundos, esa zona periférica por la que no deambula el sueño americano. En el pueblo reinan la decadencia y la desidia. La fotografía de esta película nos regala constantemente registros vintage del atraso y el aburrimiento, como postales de tiempos quedados fuera de cualquier aspiración vital. Nos enfrenta además a una sugerencia más bien amarga: la familia se reduce a muy escasos incondicionales, dos o tres cuando más y por eso hay que protegerla.

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