¿A qué edad se pierde la inocencia?

Siempre que escucho que una película cualquiera se hizo para denunciar la hipocresía de las convenciones sociales burguesas, me llevo la mano a la pistola. Las denuncias, a los juzgados y a las pelis, el arte. Lo cortés no quita lo valiente, está clarísimo, pero las denuncias en el cine de ficción, pues implícitas y no como centro de todo el andamiaje. ¿O creen ustedes que Martin Scorsese se limitó en La edad de la inocencia a denunciar la hipocresía de la alta sociedad neoyorquina de finales del siglo XIX?

La película de Scorsese parte de la novela homónima de Edith Wharton, publicada en 1920 y en la cual la crítica ha detectado fuertes rasgos autobiográficos. O sea, que su trágica y encantadora Ellen Olenska es un poco también Edith Wharton, quien padeció un marido histérico e inconmovible. Pero centrémonos en el trabajo de Martin Scorsese. La edad de la inocencia, estrenada en 1993, es una exquisita recreación de la vida en New York a partir de 1870. En un entorno aristocrático, se entiende, donde estaban en juego el prestigio y la fortuna.

LA INOCENCIA DE LOS AMORES TRISTES

¿Se acuerdan de la trama? Ellen Olenska abandonó en Europa a un marido abusador para volver a New York. Allí se encuentra con su prima May Welland y su novio, el abogado Newland Archer, a quien ya conoce. Pero Archer y Ellen se enamoran, lo que da lugar a una tragedia lenta y desgastante. Como debe ser, si de amores difíciles se trata. En La edad de la inocencia se ponen en juego todas las convenciones burguesas de su época, con el fin de evitar una catástrofe múltiple. Si el abogado Archer se escapa con la intrépida Ellen, quien ya ha anunciado la osadía de pedir el divorcio, perderá su prestigio y su clientela. Si la muy discreta May Welland se queda plantada a diez pasos del altar, la familia caerá en la ignominia.

Pero reiteremos la pregunta: ¿A qué edad se pierde la inocencia? Rehagámosla un poco: ¿Qué es la inocencia? ¿Ser inocente es ser ignorante? ¿Ser inocente tiene un costo? Esto último parece más cierto, a juzgar por el destino de los personajes de La edad de la inocencia. Ellen Olenska, interpretada por Michelle Pfeiffer, huye de la inocencia, aun cuando es el personaje más puro de la película. May Welland, encarnada por Winona Ryder, es taimada, incluso para batallar con la amargura que la asedia. A Newland Archer, a cargo de Daniel Day-Lewis, le sobran pasión y cobardía, con predominio de la última.

En ciertas zonas de la sociedad (o de la Historia, o incluso del cine y de la literatura) el amor está condicionado por intereses un poco más terrenales. O puede estarlo, para no ser absolutos. Pero en La edad de la inocencia, de Martin Scorsese, por sobre una posible denuncia de la hipocresía, hay una biografía de la desolación que se abruma a veces sobre los humanos. Búsqueda infructuosa de la libertad, renuncia, sometimiento, un enfermizo sentido del deber y la sensación de que se ha tirado la vida por la borda. Eso más el magnífico desempeño de los actores, un vestuario premiado con el Oscar y una fotografía que parece un personaje más, da como resultado algo parecido a la excelencia.

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